¡Hola ! ¿Cómo estás? Hoy tenía previsto escribirte sobre un tema que post pongo, pues estoy triste y no me apetece hablar ahora de otro tema más que el que tengo en la cabeza.
Hace un par de años Miguel Ángel y yo tu vimos la suerte de cruzarnos con una pareja maravillosa, dos personas que son una bendición y con la que congeniamos al segundo.
Desde hace dos años nos veíamos mensualmente los cuatro en encuentros del día entero, pues siempre nos faltaban horas para compartir desde lo más banal a lo más profundo y trascendental.
Una pareja que se cuidaba a todos los niveles.
Pues de la noche a la mañana, literalmente, él comienza a no sentirse bien, a dejar de dormir (literalmente dormía una hora al día) y poco a poco, en menos de un mes ha ido perdiendo movilidad y cada vez es más dependiente de los cuidados de ella.
Ellos dos, como Miguel Ángel y yo son una familia enlazada y trabajaban juntos en su proyecto.
Ahora toda su vida se ha detenido porque el cuerpo de él no responde.
Sí su mente, pues está en plenas facultades y es consciente de todo, pero no su cuerpo.
Por ahora le han hecho muchísimas pruebas sin resultados claros y con diagnósticos contradictorios.
Los neurólogos han nombrado E.L.A., Esclerosis Múltiple, Parkinson…
De momento no se sabe nada a este respeto, lo que sí se sabe es lo que quiero contarte con un nudo en la garganta.
La vida es tan efímera que aún nuestra consciencia no ha desarrollado la capacidad de saborearla desde el agradecimiento constante por el regalo que es el presente.
Estuvimos con él y con ella en enero y parecía que tendríamos toda la vida por delante para seguir disfrutándonos, ninguno sabía que sería, por ahora, nuestro último encuentro de la manera en la que los hacíamos: entre risas, confidencias y muchos «os queremos tanto».
Desde diciembre las muertes y enfermedades graves están muy presentes en mi vida como ese recordatorio constante de que no me confíe.
Ese recordatorio a elegir bien las batallas que libro, las luchas en la que me quiero meter.
La pregunta que más me hecho hecho desde que falleció mi abuela Carmen, la que tanto me amó y tanto me dio, es:
¿Te has hecho alguna vez esa pregunta ?
Creo que está bien que nos la hagamos de vez en cuando a modo de revisión de nuestra propia vida.
La primera vez que me topé con esta pregunta no fue desde la consciencia, sino fue por un episodio desagradable en el que temí que a Miguel Ángel le pasara algo grave.
Se quedó solo en un susto y sin consecuencias pero fue impactante para mí y me pasé varios días reflexionando sobre la muerte.
Entonces me vino aquella pregunta y la respuesta me dejó tranquila:
Sí, moriría tranquila porque no me he dejado nada por hacer. Hay mucho aún que deseo hacer, hay muchísimo que quiero vivir, pero estoy en paz con lo vido hasta el momento.
A mi amigo no le pasa eso.
Siente que ha dejado muchas cosas abiertas en su vida, que ha dejado muchos episodios abiertos y sin resolver y quiere tiempo para poder hacerlo.
No quiere tiempo solo para poder seguir viviendo y gozando de su familia, sino para cerrar aquellas batallas que tiene abiertas.
Tiempo…
Solo necesita tiempo y es lo que no sabemos si va a tener y de qué manera.
Me he vuelto a hacer la pregunta y sigo quedándome tranquila en cuanto a que si muriera ahora, cosa que no me gustaría, no dejaría nada por hacer, podría morir en paz pues no tengo batalla abierta alguna ni asunto por cerrar.
Ahora bien, deseo muchísimo vivir.
Deseo seguir explorando este ser que soy y asumiendo mis roles como madre, pareja, madrastra, amiga, hermana…
De verdad que es tan necesario preguntarnos si nos convienen meternos o librar según qué batallas.
Algunas debemos librarlas por supuesto, pero DESDE DÓNDE Y CÓMO, es la gran pregunta.
Y sobre todo, CUÁLES.
Elige bien qué batallas deseas librar y cuídate mucho el desde dónde, porque la diferencia no lo marca la acción, sino desde el lugar desde el que lo haces.
Con tantas muertes a mi alrededor en estos pocos meses estoy desarrollando una idea:
El problema real no es la muerte en sí, sino no saber aprovechar la vida y sobrevivirla en lugar de vivirla.
Hace mucho que le perdí el miedo a la muerte.
Hace mucho que la abracé como un hecho ineludible.
Cuando la integré como parte de la vida, el miedo se esfumó.
Ahora bien, creo que no sabemos aprovechar la vida y exprimirla desde la serenidad y agradecimiento del regalo que es cada día.
Así que ojalá algo de la experiencia que están viviendo mis amigos y el dolor que esta ha traído a mi vida de nuevo, sirvan para inspirarte a preguntarte si realmente merece librar las batallas que ahora estás librando y qué puedes hacer para vivir una vida más libre y en paz contigo.
Te deseo una vida muy libre.
Una vida hecha a tu medida para que VIVAS y puedas así en el futuro, agradecer a tu yo del pasado, que es tu yo de ahora, cada una de las decisiones que te llevaron a esa vida libre y plena.
Un abrazo enorme.

