¿Cómo estás? Yo con muchas ganas de contarte lo que ayer pensé después de una conversación con mi hijo mayor.
Pues estoy convencida de que te va a ayudar.
Al menos a mí me hubiera encantado que alguien me contara esto, pues me habría dado confianza entre tantas dudas.
Y es que hubo un tiempo en el que elegí confiar en el poder del amor y decidí que, hiciera lo que hiciera su padre, tuviera el conflicto de lealtad que tuviera y tenía mi hijo, se mostrara tan enfadado conmigo como se mostró durante tanto tiempo y tantas veces; yo me mantendría firme confiando en el poder y fuerza del amor.
Confiando también la la vida, en su capacidad para poner cada cosa en su lugar.
Lo que damos en la vida lo recibimos.
Eso es inevitable.
Y yo quería dar amor a mi hijo y no entrar en batallas de adultos por el amor de un hijo.
A ratos esto fue súper difícil.
Me abrí al miedo de que llegado el momento en que mi hijo, en un futuro más o menos cercano, prefiriera estar con su padre y no quisiera vivir conmigo, sino solo verme de visitas.
Aquel era mi mayor temor.
Por eso tenía la opción de dejarme llevar por este y actuar desde el miedo, o enraizarme en mí misma para actuar fiel a mis valores y principios.
Esta no fue una decisión fácil.
Yo la sentía como una apuesta a ciegas.
Pero lo tenía claro.
Hiciera lo que hiciera quería estar en paz conmigo.
Quería poder mirar atrás con el tiempo y sentir que en el pasado tomé la mejor elección, sin manipulaciones soterradas de por medio, ni verdades a medias ni nada que no fuera honesto.
Aquella elección sentía que me dejaba indefensa a ratos, pues para mi hijo mayor yo quedaba como la mala y eso le hacía mostrarse enfadado conmigo.
Y a veces sentía que me rechazaba.
Duele, duele muchísimo sentir el rechazo de un hijo.
Por eso necesité sanar mis heridas de infancia.
Mi heridas de abandono, la de rechazo y la de injusticia.
Al tiempo que las sanaba me recordaba que la vida de mis hijos no me pertenecían y que yo era solo su madre.
Para ello me ayudó mucho hacer mío y leer cada día un par de veces durante muchos meses, el poema al que me he referido en más de una ocasión y que te dejo al final de esta carta de hoy, por si te viene bien leerlo.
El caso es que aceptando la posible pérdida, decidí actuar de la manera que consideré más honesta, pues así nunca tendría que lidiar con mi mala conciencia.
Así aunque tal vez con dolor, pero podría dormir en paz.
Y lo que ha pasado es que, mucho antes de lo que esperaba, estoy recogiendo frutos de todo lo que he sembrado estos años atrás.
Lo que te he contado en unas pocas líneas han sido años, años de preguntarme una y otra vez desde dónde quería actuar.
Si me posicionaba en el miedo o en el amor.
Y aún con dudas y miedos, terminaba eligiendo el amor.
El amor no el romántico, tampoco el dependiente ni la complacencia, el amor como verbo, como forma de estar en la vida.
El caso es que años después de estar actuando así, agarrándome a la confianza ciega en la vida, lo dado me está viniendo de vuelta y cada vez más.
Hace unos meses mi hijo mayor comenzó a hacerme algunas confidencias de cosas que le preocupaban.
Algunas familiares y otras propias de su edad (11 años) con lo que vive con sus amistades y el colegio.
El caso es que estas han ido en aumento y me he convertido en su confidente.
Desde que dejó de mostrarse enfadado conmigo nuestra complicidad ha sido grande.
Pero es que ahora ha subido de nivel y la confianza que muestra en mí es un regalazo ENORME.
Él que callaba tanto, que se guardaba tanto para sí, ha comenzado a abrirse y ya no para.
Hay noches, como la de ayer, en las que me emociono y agradezco infinito aquella apuesta que hice por el amor.
A ratos me costó.
A ratos dudé de su sentido y valor.
Aún así me mantuve firme.
Fiel a mis principios y valores.
Y ahora agradezco muchísimo haberlo hecho así.
Que mi hijo me abra su corazón y me comparta lo que le inquieta, sea del asunto que sea, es un privilegio.
Y ese sitio me lo ha dado él a mí después de que yo haya sembrado para que así pueda ser.
Tus hijos te conocen a ti y a tu ex más de lo que te puedas imaginar.
Mi hijo me conoce perfectamente tanto a mí como a su padre.
Los hechos que viven junto a nosotros y cómo les hacemos sentir es una verdad incuestionable.
Dice muchísimo más que nuestras palabras.
Somos una sociedad carente de valores y eso nos hace actuar mucho desde el miedo.
¿Cuáles son los valores y principios que rigen tu vida? ¿Los sabes? ¿Cuando fue la última vez que revisaste tus valores?
Vivir una vida coherente a ellos no pasa desapercibido para nuestros hijos.
Siembra, siembra desde el amor que ya recogerás.
¿Cuándo?
Ni idea.
Un formador que tuve siempre decía: «En la vida solo existen tres tipos de asuntos: tus asuntos, los asuntos de los demás y los asuntos de la vida».
sergio no pierdas el tiempo y energía pretendiendo ocupartelo de los asuntos de los demás o de la vida, pues no tiene sentido alguno, ya que no tienes tal poder.
Ocúpate de tus asuntos, deja que los demás se ocupen de los suyos y que la vida haga el resto.
Sentí dolor en muchas ocasiones y me acostaba triste, pero en paz, pues sentía que yo no podía hacer más de lo que ya hacía.
Ahora esa paz es aún mayor y la alegría infinita.
Es más:
Como la vida siempre nos da más de lo que podamos imaginar la situación es aún más brillante.
Y es que aunque la relación entre el padre de mis hijos y yo hace tiempo que es buena (el primer año y medio fue horrible), en cuestiones de crianza diferíamos mucho y había temas que no comentábamos al ser ambos muy conscientes de nuestras discrepancias (las mimas que ya existían siendo pareja).
Bueno pues, en los dos últimos meses llevamos tres conversaciones súper interesantes en las que parece que empezamos a encontrarnos en cuestiones educativas en las que nunca antes no nos habíamos encontrado.
Ni siquiera cuando éramos pareja.
Dentro de unos días va a hacer 7 años que nos separamos.
Hemos pasado por muchísimas fases.
Y hasta en los peores momentos, por muy enfadada que estuviera, dolida o lo que fuera, elegí mantenermelos en mi lugar.
Muchas veces necesité poner espacio físico y tiempo, hacer contacto casi cero. Para ello reconocía cómo me sentía y me daba lo que necesitaba en cada momento, pero manteniéndome en mi lugar.
Teniendo muy claro DESDE DÓNDE actuaba.
Lo que trato de decirte, sergio es que la vida es larga y puede dar muchas vueltas.
No te obsesiones con los cambios que se dan o no.
No te obsesiones con cómo te gustaría que fueran las cosas.
No te obsesiones con ninguna idea mental.
Revisa tus valores y principios, pregúntate desde dónde quieres actuar y sé fiel a ti.
Nada cae en saco roto y mucho menos lo que tiene que ver con nuestros hijos.
Cuéntate verdades y actúa desde el amor.
Siembra, que lo que siembres lo recogerás por dos y por tres .
Ojalá te haya servido lo que he venido a contarte hoy.
Y antes de despedirme, te dejo el poema al que me refería antes:
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.
Khalil Gibran, poeta, filósofo y artista libanés
Un abrazo muy muy grande.
P.D. En relación a todo esto, si algo te ha resonado, puedes ampliar contenido con los dos últimos episodios de nuestro podcast: El rol del padre en la separación y Hombres y mujeres vivimos distinto la separación.

