Deseo que bien y que al menos, si no te sientes en paz, que tengas esperanza y confianza en que las cosas mejorarán.
Por que al final, siempre mejoran.
Si no terminan bien, como me dijeron a mí una vez, es porque entonces aún no ha terminado, aún no ha llegado su fin.
Hace unos días mi amiga Elisa, ante una noticia muy buena que nos había pasado a Miguel Ángel y a mí, me dijo: «Os lo merecéis».
Y lejos de alegrarme, aquel «os lo merecéis» lleno de alegría por su parte, a mí me entristeció, ¿porque es que acaso ella y su marido se merecen lo que están viviendo?
A lo mejor recuerdas cuando hace un par de meses te escribía muy triste porque un amigo mío estaba súper enfermo y al borde de la muerte.
Bueno, aquel tormento comenzó el 1 de febrero y ahí sigue él como un campeón haciendo lo indecible por vivir.
Pues aunque en el hospital lo dieron por perdido y lo único que pueden hacer por él es darle morfina y dejarlo en paliativos, como le dijeron, él quiere vivir y ella lo cuida como lo que es: un diamante en su vida que merece todos los cuidados para ayudarle y acompañarle en su deseo de vivir.
Llevan juntos 12 años como familia enlazada. Ambos sintieron que encontraron al amor de su vida años después de sus respectivos divorcios.
Se aman profundamente.
Y en estos últimos meses le dijeron que parecía que tenía párkinson, le hablaron de enfermedades raras, de ELA, de fibromialgia… mil diagnósticos y todos errados.
Su cuerpo ya está muy debilitado.
Varios médicos le han dicho que dado que ha perdido muchísimo peso (mide 1´95 y pesa menos de 60kg) y otras tantas cuestiones más, no se explican que siga vivo, que solo le cabe esperar.
Pero ella y él no se han rendido y buscando incansablemente la raíz del desequilibrio de su cuerpo físico, la han encontrado: altos niveles de metales pesados en su cuerpo.
Ahora saben que todo lo que parecía serán diagnósticos degenerativos y fatales, no lo era.
Ya ha comenzado el tratamiento para desintoxicarse y ya vuelve a fijar la mirada, a hablar con normalidad y muchos otros síntomas que muestran su evidente mejoría.
Pau siempre hay más salidas de las que parecen.
Mi amiga Elisa no se rindió porque su intuición le decía otra cosa a lo que sus oídos escuchaban, no había coherencia entre lo que sentía y lo que escuchaba.
Por eso busco, buscó y buscó hasta dar con aquello que sí le resonaba.
Así que no te conformes si ante una dificultad no te encaja la opción que parece la única salida.
Busca otras opciones porque siempre hay más salidas de las que a priori alcanzamos a ver.
Pero realmente no era eso lo que venía a contarte, lo que quería reflexionar contigo es acerca de ese: «Os lo merecéis» que ella me dijo.
¿Sí? ¿Miguel Ángel y yo nos merecemos lo que le conté que era tan bueno? Es que si nosotros nos merecemos algo así, ¿ellos se merecen lo que están viviendo?
Ufffff, me costó mucho aceptar ese «Os lo merecéis» cuando estoy viviendo día a día su situación desde el pasado 1 de febrero. Y créeme, no te puedes hacer una idea de la pesadilla que están viviendo.
Él dice que cuando se recupere quiere contar lo que ha pasado para que nadie tenga que vivir su infierno.
Hay muchas noches que se despiden porque no sabe si al amanecer seguirá con vida.
¿Nos lo merecemos?
Después de muchos días reflexionando he llegado a la conclusión de que no se trata de merecimiento, sino de procesos y momentos que cada persona atraviesa, que puede que sean necesarios para su propia evolución.
Antes de vivir todo lo bueno que vivo en mi vida en las últimas etapas, vengo de las tinieblas: de un hogar que de puertas hacia fuera era la viva estampa de la familia perfecta y de puertas hacia dentro reinaban las telarañas, polvo, desorden y otras cuestiones que generaron en mí trauma severo.
He vivido épocas muy grises en las que deseaba no seguir viviendo.
Reproduje errores por lo que viví y tomé decisiones condicionadas por el trauma, por eso llegar hasta aquí no fue empezar de cero, sino de menos cien…
Tuve que deconstruir mucho para construir lo que hoy día soy, hago y tengo.
Y por el camino no desfallecer, sino confiar, confiar y confiar mientras aceptaba cada aprendizaje que la vida me iba poniendo por delante.
No sabemos si Elisa y yo estamos equivocadas, pero nuestra conclusión tras conversarlo, es que cada persona venimos a desarrollar nuestro ser, y para poder vivir bajo el ser que somos y no bajo el personajes que nos hemos creado, necesitamos pasar por determinados aprendizajes.
Aprendizajes que son procesos, aprendizajes que en la mayoría de las ocasiones duelen.
Y cuando ya pasamos por según qué procesos y aprendizajes, podemos encontrar ese lugar de más armonía en nuestra vida donde la intensidad de los conflictos y aprendizajes se pueden reducir, al menos durante una etapa.
Pau yo no tengo la certeza de que esto sea así, pero sí vivo con esta certeza, aún a riesgo de estar equivocándome.
Porque es la forma que he encontrado de vivir en paz, de abrazar lo desagradable desde la aceptación, de soltar la lucha y prosperar en mi vida en todas y cada una de sus facetas.
En definitiva, de aceptar lo desagradable de la vida al tiempo que acepto lo agradable.
Un proceso de separación supone muchas pérdidas.
En definitiva mueren algunas cuestiones de nuestra vida como proyectos en común y partes nuestras también.
Pero trae, como todo, muchas alegrías y beneficios también, pero eso es más desconocido y hacer ese proceso de «muerte» y cerrar es importante para poder avanzar y que llegue todo lo bueno.
Si sientes que necesitas ayuda para poder avanzar y recuperar la paz, tranquilidad y alegría en tu vida, me tienes aquí al otro lado para escucharte y contarte cómo puedes hacerlo.
Reserva aquí tu sesión de valoración y da así el primer paso para tu nueva vida.
Un abrazo grande.

