Vaya aluvión de respuestas que recibí tras la carta de la semana pasada…
La historia de aquella mujer no solo me conmovió a mí, sino a gran parte de esta preciosa comunidad.
Y es que cuando tomamos consciencia de que el tiempo es finito y que la muerte nos puede visitar a cualquiera en cualquier momento, la perspectiva cambia drásticamente…
Hoy me cuelo en tu vida para hablarte de otra cosa.
Dde algo que ya compartí hace justo un año… y que, aunque pase el tiempo, sigue siendo una vivencia que muchas compartimos, pero pocas nombramos.
Una de esas emociones que, cuando llegan, se sienten mal.
Se sienten raras.Se sienten contradictorias.
Esa sensación doble que a veces nos rompe por dentro:
Por un lado, no querer separarte de tus hijos,
y por otro, sentir alivio cuando se van.
Uno lo compartí tumbada en la cama, con mis hijos a ambos lados.
Veníamos de pasar un día en la playa.
Estaban dormidos, rendidos.Y yo los abrazaba con fuerza, como si pudiera detener el tiempo.
Y lo que sentí fue una punzada.
Una mezcla de angustia, tristeza, rechazo.
La palabra exacta fue: desolación.
“Otra vez esto…”
“Otra vez esta sensación tan desagradable…”
No me forcé a estar bien. No intenté distraerme.
Me rendí a la emoción.
Porque ya he aprendido que resistirme solo la hace más intensa, más larga, más enredada.
Recordé que esa angustia no era por el tiempo sin ellos… sino por la idea anticipada de su ausencia.
Es el miedo a esa realidad.
Se fueron.
Y a los pocos días, lo sentí:
alivio.
Porque, si solo compartía el dolor, estaba dejando fuera una parte esencial de la maternidad.
Una parte que, además, tiene muy mala prensa:
La del descanso.
La del respiro.
La de volver a una misma.
Aunque sea en silencio.
Aunque no te hayas atrevido a nombrarlo.
Aunque te hayas juzgado por ello.
Sentir alivio cuando tus hijos se van no te hace mala madre.Como tampoco te hace mejor madre que te duela que se vayan.
Lo que sentimos habla de nuestras necesidades.
Parar.
Estar conmigo.
Escucharme de nuevo.
Bajar el volumen del mundo.
Se guarda.
Se tapa con culpa.
Se esconde detrás de frases como:
“Tengo que aprovechar cada momento con ellos”
“Si descanso demasiado, ¿qué pensarán?”
“¿Y si estoy disfrutando demasiado estando sin ellos?”
Y a veces la mejor forma de ser madre…es darnos espacio para SER, sin el rol por delante.
Sabemos que el verano puede llegar a ser intenso y perder la tranquilidad es fácil.
Así que pincha aquí y hablemos tú y yo para que la seguridad y tranquilidad sea la protagonista en tu día a día.

