
Hay silencios que no suenan igual. Momentos en los que compartes mesa, cama o incluso risas, pero algo en tu interior te dice que no estás del todo ahí. Que esa conexión que antes era cómplice, ahora es un eco. Y te lo preguntas, aunque te asuste la respuesta: ¿Estamos en crisis o esto ya está roto?
En Creada, muchas personas llegan justo desde esa duda. No buscan romper, buscan entender. Porque a veces no se trata de tomar una decisión drástica, sino de darse permiso para mirar lo que está pasando con sinceridad y sin culpa.
Este artículo no viene a darte una sentencia. Viene a acompañarte a observar, sentir y nombrar lo que ahora quizás aún no sabes cómo decir.
Las crisis no siempre son el fin
Toda relación atraviesa etapas. Algunas son expansivas, luminosas. Otras son más densas, más sombrías, más incómodas. Las crisis pueden ser oportunidades. Pero también pueden ser la antesala de una ruptura si no se atienden.
Hay crisis que avisan: que algo necesita cambiar, evolucionar, cuidarse de otra manera. Y hay otras que son síntomas de un vínculo que ya no está vivo, aunque siga funcionando en apariencia.
Distinguir entre una y otra no es fácil. Pero hay pistas. Y de eso va este artículo.

Señales de una crisis relacional
Estas señales no implican necesariamente una ruptura. Pero sí son llamadas de atención:
– Discusiones frecuentes que no llevan a nada nuevo.
– Desconexión emocional: ya no compartís lo que os pasa.
– Falta de intimidad, tanto física como afectiva.
– Rutinas vacías: funcionáis como equipo logístico, pero no como pareja.
– Fantasías recurrentes con otras personas o con estar sola.
– Sensación de estar más en el deber que en el deseo.
Si te resuenan varias, quizás no estás ante una crisis puntual. Pero aún así, no significa que esté todo perdido.
¿Y si ya no hay amor?
Una de las preguntas que más cuesta formularse es esta. Porque cuando ya no hay amor —o cuando creemos que no lo hay—, aparecen la culpa, el miedo, la confusión.
Pero a veces no es falta de amor. Es desconexión. Es acumulación de heridas no habladas. Es cansancio, rutina, falta de cuidado mutuo.
Por eso, antes de concluir que ya no hay amor, es importante preguntarse: ¿He podido expresar lo que siento? ¿Nos hemos dado el espacio para mirar lo que nos está pasando? ¿Estamos disponibles para reparar?
Si no sabes responder a estas preguntas, quizás estás justo en medio de esa zona difusa. Y ahí, el acompañamiento puede ser clave. En nuestra sesión de valoración, podemos ayudarte a ver más claro.
Ruptura silenciosa: cuando se sigue sin estar
Hay parejas que no discuten. Que no se hacen daño activamente. Pero que ya no están. Y siguen. Por miedo, por rutina, por no incomodar a los hijos. Es una ruptura silenciosa: la vida sigue igual, pero sin alma.
En estos casos, es habitual que uno de los dos sienta que arrastra al otro. O que ambos estén atrapados en una especie de convivencia cordial sin emoción. Y ahí, aunque no haya conflicto abierto, el dolor puede ser más profundo.
Porque no se trata de aguantar. Se trata de vivir. De sentir que estás en un vínculo donde puedes ser tú.
En este sentido, también puedes leer, un artículo donde hablamos sobre cómo abordar este tipo de preguntas desde una mirada más amplia.
Cómo tomar decisiones conscientes
No siempre sabrás de inmediato si debes continuar o no. Y eso está bien. Las decisiones importantes necesitan tiempo, espacio y a veces, acompañamiento.
En Creada no forzamos respuestas. Escuchamos. Acompañamos. Te ofrecemos un lugar donde no estás sola con tu confusión.
Y si no lo hay, también podemos caminar contigo hacia una separación consciente.
Saber si tu relación está rota o en crisis no es un diagnóstico, es un proceso de escucha. De honestidad. De conexión contigo.
Y aunque nadie puede decidir por ti, sí puedes elegir no transitar esta etapa en soledad. Aquí estamos. Para escucharte, para acompañarte, para ayudarte a mirar con más claridad y más compasión.
Y si te encuentras en un momento especialmente doloroso, quizás también te ayude leer nuestro artículo “Me ha dejado por otra persona”.






El Derecho Colaborativo no puede ser ejercido por cualquier profesional sin más: requiere una capacitación específica. Quien elige el Derecho Colaborativo no solo necesita un abogado, sino un profesional que sepa escuchar y construir. Por eso, no todos los abogados pueden ejercer esta práctica: es necesaria una formación específica en herramientas como la negociación basada en intereses, el trabajo en equipo con otros profesionales, la comunicación empática y la gestión emocional que permite al abogado colaborativo desempeñar un rol activo y consciente, poniendo todos sus conocimientos al servicio de las personas, con la mirada puesta en sus necesidades reales y en el futuro de sus relaciones.
El Derecho Colaborativo no solo es una alternativa legalmente válida; es una forma de afrontar una separación con consciencia y responsabilidad. Si buscas un resultado diferente, elige un camino distinto Si no quieres repetir los errores que has visto tantas veces.


Esa presión puede venir de fuera (la otra parte, personas cercanas, incluso el juzgado), pero también puede venir de ti misma: del miedo a parecer poco flexible, del deseo de evitar más problemas, o del dolor de imaginar a tus hijos sufriendo.
A pesar de este impulso a los acuerdos, el abogado sigue siendo una figura imprescindible en cualquier divorcio. No solo para garantizar que los acuerdos sean justos y legalmente válidos, sino también para asesorar en la elección del mejor MASC para cada caso y por supuesto para realizar la tramitación judicial del acuerdo.
Uno de los grandes desafíos de esta reforma es que los abogados no vean los MASC como un simple requisito a cumplir antes de litigar, sino como una verdadera oportunidad para ayudar a sus clientes a alcanzar la mejor solución posible.
Elegir un abogado con una mentalidad negociadora es clave. Un buen abogado debe:
Puedes conocer más sobre Anabel García, autora de este artículo, además de mediadora y abogada especializada en derecho colaborativo, 

